• Reescribiendo las reglas del campo de batalla| Irán Hoy
sábado, 15 de agosto de 2026 9:01

Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó su ataque contra Irán junto con Israel, apostaba por una victoria rápida y decisiva. En el mejor de los casos, esperaba el derrocamiento de la República Islámica. Como mínimo, esperaba destruir las capacidades nucleares y militares de Irán, seguido de lo que Washington pudiera presentar como una salida honorable de la guerra.

Pero, ahora, Trump está entrando en el sexto mes de la guerra. Y esos objetivos predeterminados parecen cada vez más un espejismo; algo que Washington quizá nunca llegue a alcanzar.
Los misiles iraníes están siendo lanzados con mayor fuerza y precisión que antes. Sea cual sea el objetivo que Irán elija, ahora puede alcanzarlo.

Y a pesar de meses de guerra, todavía no hay señales de que el programa nuclear pacífico de Irán haya sido destruido.

Pero, quizá, más importante aún, ahora, Irán ha puesto otra carta sobre la mesa. Una carta con un enorme peso geoestratégico: el estrecho de Ormuz.

Durante meses, Washington ha intentado prácticamente de todo para devolver el estrecho a la situación que existía antes de la guerra. Ha amenazado. Ha atacado. Ha impuesto un bloqueo. Ha vuelto a atacar. Ha negociado. Y ha amenazado con destruir la infraestructura de Irán. Pero, cada vez, Teherán ha transmitido esencialmente el mismo mensaje: No. Olvídenlo. Esos días han pasado. El estrecho de Ormuz no volverá simplemente a ser como era antes de la guerra.

Ahora, el estrecho de Ormuz se ha convertido en un verdadero nudo en la garganta de Donald Trump; un símbolo de lo que Irán presenta como el fracaso humillante de Estados Unidos. Ni mediante la guerra ni mediante la diplomacia, Washington ha logrado recuperar de Irán el control del estrecho.

mep/tmv

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